Bienestar social como marco de implementación de actividades de acuicultura en áreas de manejo

El investigador Departamento de Acuicultura y Programa Acuicultura en Áreas de Manejo Facultad Ciencias del Mar de la Universidad Católica del Norte, Dr. (c) Cristian Sepúlveda Cortés, se refiere a la acuicultura como estrategia de diversificación dentro del manejo puede fortalecer o debilitar el tejido organizacional dependiendo de cómo se diseñe su incorporación.

Hace unas semanas en una reunión entre una federación de pescadores y la institucionalidad pública, uno de los dirigentes señaló que: “los concursos para la acuicultura de pequeña escala son como ir a una ferretería, donde las organizaciones retiran materiales: ladrillos, fierros y cemento, pero sin saber hacer una casa”.

La imagen fue clara y poderosa. Se refiere a organizaciones que recién están incorporando esta actividad en sus Áreas de Manejo y a la necesidad que se dé una sucesión gradual de adopción tecnológica, que reconozca el conocimiento local y que  ese saber sea considerado para que las tecnologías sean adaptadas a la realidad donde cada organización opera, en un proceso de validación y reconocimiento de co-construcción.

Las actividades de acuicultura en áreas de manejo deben enfocarse en ampliar las posibilidades a los socios y socias de las organizaciones, de mejorar sus medios de vida. Esto no solo debe basarse en las dimensiones materiales (ingresos, medios de vida), relacionales (organización, poder, legitimidad) y subjetivas (identidad, satisfacción, reconocimiento). Sino también en su efecto en la dignidad, equidad y autonomía de las organizaciones.

Desde el enfoque del bienestar social en la pesca artesanal, esto implica considerar no solo los ingresos o productividad, sino también los aspectos relacionales como la cohesión organizacional y subjetivos como el sentido de dignidad, reconocimiento y pertenencia los cuales afectan la calidad de vida de los socios de las organizaciones.

La sostenibilidad de este tipo de iniciativas, dependen de la capacidad organizacional local, de su legitimidad interna, de la reciprocidad de los participantes y la adaptabilidad de las asambleas hacia el proceso de integración.

La acuicultura como estrategia de diversificación dentro del manejo puede fortalecer o debilitar el tejido organizacional dependiendo de cómo se diseñe su incorporación. Por ello, la lógica de incorporación debe ser endógena: desarrollada desde las capacidades, valores y prioridades de las comunidades. Las AMERB son sistemas complejos donde conviven escalas ecológicas, sociales y administrativas que pueden entrar en tensión. Una solución diseñada sin participación puede generar desconfianza, conflictos y retrocesos.

Es relevante que la introducción de nuevas actividades productivas como la acuicultura en contextos de pesca artesanal y áreas de manejo no debe responder únicamente a criterios técnicos, económicos o externos como el “acá tengo un proyecto”, sino que debe surgir desde el interior de las asambleas de las organizaciones.

Esto implica que: las decisiones sobre qué cultivar, cómo y con qué objetivos deben partir de las capacidades organizacionales, conocimientos locales y prioridades de los propios usuarios del AMERB. Entonces no basta con transferir una “tecnología adecuada”; se requiere un ajuste social, cultural e institucional de las propuestas acuícolas que llevamos a la costa desde los centros de investigación, desarrollo tecnológico y transferencia.

Por ello, esta construcción requiere entender la equidad no solo como resultado, sino como principio rector del proceso al interior de las asambleas. Cuando se introducen nuevas tecnologías o actividades económicas en organizaciones con lógicas propias, el riesgo no es solo técnico, sino político y social respecto a la pertinencia del “proyecto”, quién decide, quién se beneficia y quién queda fuera. Aquí es donde la equidad debe entenderse no sólo como un resultado deseable, sino como un marco estructurante del proceso.

Desde la justicia ambiental, se han identificado tres dimensiones interdependientes de la equidad que ayudan a guiar una implementación justa de nuevas actividades productivas en áreas de manejo: la equidad distributiva, que exige una distribución justa de beneficios y cargas ( el que cultiva – gana); la equidad de reconocimiento, que obliga a visibilizar y valorar las identidades, conocimientos y derechos de todos los actores, en especial de aquellos más vulnerables (mayores de edad – mujeres); y la equidad de procedimiento, que enfatiza la necesidad de contar con procesos participativos, inclusivos y transparentes. Estas tres dimensiones permiten evaluar no sólo los resultados materiales de una estrategia de acuicultura en AMERB, sino también cómo se llegó a ellos y quién fue considerado en ese camino.

El enfoque endógeno implica un proceso de co-construcción, donde la acuicultura no se impone como solución universal, sino que se adapta y resignifica desde los marcos de valor locales (ej. reciprocidad, distribución justa, sostenibilidad intergeneracional, sostenibilidad). Esto contrasta con los enfoques exógenos, donde las soluciones se diseñan sin consultar ni comprender las dinámicas locales, lo cual puede generar conflictos, desconfianza, fracaso organizacional y retroceso.

Si el cultivo se organiza de forma que sólo beneficia a unos pocos (por inversión, acceso a insumos o tiempo), puede quebrar el principio de justicia distributiva, incluso si es rentable.

La valoración del mar y la actividad pesquera como parte de la identidad cultural local también influye en qué tipo de cultivos son aceptables o legítimos. Quizás cuando la acuicultura en AMERB se diseña con las organizaciones, considerando los valores de quienes habitan esa costa, tienen más posibilidades de crecer y desarrollarse de manera sostenible y justa. Entonces no basta con traer tecnologías o cultivos “viables”, sino que deben surgir de un proceso legítimo, inclusivo y adaptado.

En consecuencia, es necesario que los enfoques cambien a fin de que instituciones vitales para la pesca artesanal como INDESPA, CORFO o leyes que aún están subutilizadas como la Ley de Repoblamiento y Cultivo de Algas, revaliden los procesos participativos que son lentos, pero seguramente más sostenibles que lo realizado hasta ahora.

Al fin y al cabo, no se trata solo de entregar ladrillos. Se trata de construir una casa con planos propios.

Créditos imagen: APE UCN

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